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EL ARZOBISPO GOMEZ RENUEVA EL LLAMADO POR SOLUCIONES PERMANENTES PARA LOS ASUNTOS DE INMIGRACIÓN EN EL MOMENTO EN QUE LA CANCELACIÓN DEL TPS PARA EL SALVADOR IMPACTARÁ A CIENTOS DE MILES DE INMIGRANTES Y NIÑOS NACIDOS EN LOS ESTADOS UNIDOS

Lunes 8 de enero, 2018 -El Arzobispo José H. Gomez emitió la siguiente declaración sobre la cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para más de 200,000 salvadoreños que viven en los Estados Unidos.

Los católicos celebran esta semana el 50 aniversario de la Semana Nacional de Migración (del 7 al 13 de enero), un momento anual de reflexión sobre las contribuciones que los inmigrantes y refugiados siguen haciendo a nuestra economía y cultura aquí en los Estados Unidos.

Y nos sorprendió esta mañana la noticia de que nuestro gobierno estaba poniendo fin a un programa vital, Estatus de Protección Temporal (TPS), que ha estado ayudando a más de 200,000 refugiados que vinieron a este país huyendo de la violencia y la inestabilidad en El Salvador, incluyendo unos 49,000 que viven aquí en California.

Lo que esto significa en términos prácticos es que nuestra nación obligará a estos 200,000 a regresar a su país de origen, que aún no cuenta con los recursos adecuados para recibir o proteger a estas personas o integrarlas en la sociedad.

Como los obispos estadounidenses y otros líderes religiosos declararon el mes pasado en una carta al Director Interino de Seguridad Nacional: “El país sufre de escasez generalizada de viviendas, falta de acceso a agua potable, enfermedades e inseguridad alimenticia como resultado de los terremotos del 2001 y desastres naturales posteriores”.

Muchos de estos 200,000 beneficiarios de TPS salvadoreños son padres de familia, y alrededor de 190,200 de sus hijos nacieron en este país y son ciudadanos de los Estados Unidos.

Este es el único país que estos niños han conocido. Ahora estas familias enfrentan una decisión difícil sobre su futuro: ya sea permanecer juntos y regresar a El Salvador para enfrentar la posible violencia y explotación o separarse posiblemente de manera permanente para que los niños puedan permanecer seguros, con todos los beneficios de la ciudadanía estadounidense.

Esta es una elección inhumana que nadie debería tener que hacer.

Nuestro país siempre ha sido un faro de esperanza para el resto del mundo. Oro para que el gobierno reconsidere esta decisión y encuentre maneras de permitir que estas familias se queden y encuentren formas de darles un camino permanente hacia la residencia y la ciudadanía.

Mientras tanto, la comunidad católica continuará caminando con nuestros hermanos y hermanas de El Salvador, abriendo nuestros corazones a sus familias en amor y caridad y recibiendo los regalos que traen a esta gran nación.